Septiembre, todo vuelve a empezar. Este año será el último de instituto, el definitivo, el último obstaculo para llegar a la meta. Llevamos un par de samanas de clase y la selectividad resuena en todas las aulas, en cualquier asignatura, subrayado , con una advertencia que hace que fluyan los nervios antes de llegar al final. La rutina llega sin que te des cuenta, antes tenías las horas perdidas,no te importava si oscurecía y no habías hecho practimanete nada en todo el día, porqué ya tendrías tiempo de seguir al día siguiente.
Ahora ya ha llegado la hora de enterrarse en libros, en multitud de papeles y bolígrafos, horas sentado ya sea en una aula o en una oficina, mirando el reloj cada cinco minutos rogando que se acabe el día o que llegue la hora del descanso.
Yo he recuperado mi mochila, la que uso desde hace tres años firmada por mis antiguas compañeras de la ESO. No la he lavado nunca, aunque ya empieza a necesitarlo, por pena a perder las firmas. Se que son antiguas, y que la mitad de compañeras es probable que no las vuelva a ver nunca, pero forman parte de mi pasado y por eso requiere mayor importancia, porque los recuerdos y las vivencias son las que nos convierten en las personas que somos, y nos hacen recordar quién somos y de donde venimos.
¡Aún así tengo que plantearme comprar una nueva!
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